El amor maduro nos ancla en el presente (Superando el karma 15/6)
Esta madrugada, soñé con una joven a la que conocí hace años. Era madre soltera, muy joven, y entre nosotras nació una amistad sincera. Su hijo y yo compartíamos un gesto secreto: uníamos el pulgar y el índice, los entrelazábamos y formábamos el símbolo del infinito mientras decíamos “amigos para siempre”.
En el sueño los volvía a ver.
Ella bailaba una danza indígena junto a músicos que tocaban sonidos ancestrales . Lo hacía con tanta autenticidad que le ofrecían marcharse con ellos a actuar. Yo me despedía mientras le gritaba al niño nuestra frase : ¡Amigos para siempre ¡…..
Antes de irse, la llamaba para entregarle un colgante: una piedra verde en forma de corazón. Estaba deformada, con musgo seco pegado, como algo que había pasado por el tiempo. Pero cuando se lo colocaba, el corazón se transformaba en una pequeña cesta llena de conchas y caracolas blancas, muy limpias .
A ella le preocupaba que ese colgante pudiera estorbarle. Y yo, sin decirlo en voz alta, pensaba que quizá podría servir para que alguien se agarrara a él y salvara su vida.
Al despertar comprendí el mensaje.
El corazón verde era el amor vivido.La deformación era el paso del tiempo.El musgo seco era la nostalgia.
Pero al ponerse el colgante, ese amor ya no pesaba. Se transformaba en conchas blancas: memoria limpia, experiencia integrada, protección natural.
Una concha es lo que queda cuando la ola ya pasó.No es la emoción intensa. Es el testimonio. Y entendí algo profundamente liberador: El amor maduro nos ancla en el presente.
Durante mucho tiempo la nostalgia puede retenernos en lo que pudo haber sido o no ser. Nos quedamos atrapados en escenarios alternativos, en posibilidades que ya no existen. Pero cuando el amor ha sido limpio —o cuando lo hemos limpiado dentro de nosotros— el recuerdo deja de doler.
Se vuelve dulce.
Ya no hay deseo de retener. Ya no hay lucha contra el tiempo. Ya no hay reproche.
Solo gratitud. En el sueño yo no le decía en voz alta que aquel colgante podía salvar vidas. Lo pensaba. Era una transmisión silenciosa. Y eso es importante.Porque el amor maduro no necesita proclamarse.No necesita demostración.No necesita que el otro sepa su función. Simplemente sabe.
Lo que comprendí es que el amor limpio, cuando está integrado, lo antes karmico , se convierte en referencia. En ancla. En punto de apoyo. No para retener a nadie, sino para recordar que amar bien es posible.Y eso, en sentido profundo, puede salvar vidas. Salvar de la desesperanza.
Salvar de repetir patrones dañinos. Salvar de creer que el amor siempre duele.Salvar de pensar que todo vínculo termina en trauma.
Hoy vivo el amor de otra manera. No como promesa eterna ni como posesión. No como urgencia ni como miedo a perder. Lo vivo como presencia.
He aprendido que el tiempo lo suaviza todo cuando se ama limpiamente y es amor verdadero. La nostalgia deja de retenernos. Recordar se convierte en un acto de ternura, no de sufrimiento.
El amor no nos arrastra al pasado ni nos proyecta compulsivamente al futuro.
Nos ancla en el ahora.Y desde ese ahora podemos acompañar a otros que están transitando sus propias experiencias. Podemos transmitir calma. Podemos decir, desde la experiencia y no desde la teoría:
Confía.
Si el amor fue auténtico, el tiempo no lo destruye. Lo transforma. Y cuando se transforma, no desaparece.Se vuelve ligero, se vuelve sostén, se vuelve memoria dulce, que el alma guarda e integra en su memoria eterna , para ser de nuevo recordada.
Nos hace amigos para Siempre , y estos lazos infinitos , dulces, libres , quizás se vuelven a reconocer en otro tiempo, incluso con otros cuerpos , en esta vida y porque no en otras ….
Eso es amor maduro. Llega , se queda y se recuerda . Y eso, finalmente, es libertad emocional.
El AMOR nos ancla en el presente, donde recordar ya no duele…recordar es dulce .
Mercedes Guzman

